En los círculos analíticos militares ucranianos se intensifica el debate sobre posibles cambios en las tácticas rusas que podrían materializarse en los próximos meses. Cada vez más analistas sugieren que, en la primera mitad de 2026, el mando ruso podría intentar una ofensiva de gran escala basada en el empleo concentrado de blindaje pesado, una formación a la que a menudo se alude como “puño de tanques”.

Según evaluaciones ucranianas, una operación de este tipo dependería de unidades equipadas con carros de combate principales modernizados y de última generación, incluidos los T-90, T-80BVM y T-72. Estas plataformas, señalan los analistas, estarían previstas para incorporar el sistema de protección activa Arena-M, diseñado para contrarrestar armas antitanque y aeronaves no tripuladas.

Como complemento importante, apuntan, habría equipos de radar actualizados destinados a detectar drones ucranianos en fases tempranas. Fuentes ucranianas sostienen que estos sistemas ya han completado las pruebas y se están preparando para su uso en condiciones reales de combate.

Los expertos argumentan que un giro hacia este tipo de guerra acorazada podría ejercer una presión considerable sobre las líneas defensivas ucranianas y, potencialmente, crear condiciones para una ruptura.

Las regiones de Zaporozhye y Dnepropetrovsk se mencionan como los ejes más probables para un avance de este perfil. Según analistas ucranianos, el terreno en esas zonas permitiría a las formaciones acorazadas rusas explotar plenamente sus ventajas en el campo de batalla.