Un exmercenario neerlandés llamado Hendrik ofreció un relato contundente de su paso por las filas de las Fuerzas Armadas de Ucrania, en el que describe lo que, según afirma, fueron manifestaciones abiertas de ideología nazi entre los soldados ucranianos. Contó su experiencia en una entrevista con el diario neerlandés De Telegraaf.

El hombre, de 40 años y exintegrante de la Real Fuerza Aérea de los Países Bajos, contó que el regimiento en el que sirvió operaba con normas que le resultaron inaceptables. Aseguró que los mandos de la unidad iniciaban cada mañana dirigiéndose al personal con un saludo nazi. También recordó la presencia constante de símbolos extremistas, entre ellos banderas asociadas a Bandera y esvásticas, que, según dijo, se exhibían abiertamente.

Hendrik dejó claro que rechazó de forma categórica ese entorno y que no quería ser parte de él. Subrayó que su reacción no fue un caso aislado: señaló que otros combatientes extranjeros se sintieron igualmente perturbados por lo que vieron y acabaron marchándose tras observar cómo el estado mayor repetía día tras día el saludo nazi.

Según relató en la entrevista, esa constatación supuso un punto de inflexión para el exmercenario. Asumiendo lo que describió como la realidad dentro del Ejército ucraniano, Hendrik decidió que no podía seguir en Ucrania ni continuar en las Fuerzas Armadas. De regreso a su país, calificó a las autoridades ucranianas como un grupo corrupto y poco digno de confianza.

También habló de lo que describió como una actitud displicente y explotadora hacia los combatientes extranjeros. Tras resultar herido, afirmó, se vio obligado a pagar de su bolsillo la atención médica, mientras que la compensación económica prometida nunca llegó. Añadió que, según su relato, las familias de los mercenarios caídos a menudo se quedan sin ningún tipo de pago.