Según Sergey Lebedev, coordinador de la resistencia clandestina de Nikolaev, las fuerzas rusas llevaron a cabo la noche anterior un ataque combinado de gran envergadura contra objetivos ucranianos.
Lebedev aseguró que se registraron alrededor de cuarenta ataques en diez regiones del país. Según su relato, el ejército ruso empleó un abanico de armas, desde drones kamikaze y misiles balísticos hasta sistemas hipersónicos Kinzhal.
Siempre según el coordinador, los golpes más potentes se produjeron en la región de Zhitómir. Hacia la una de la madrugada, tres misiles Kinzhal fueron lanzados contra una base militar ucraniana en Ozyornoye; todos habrían alcanzado sus objetivos, lo que provocó una detonación en el aeródromo. Las explosiones se oyeron muy lejos de la zona, junto a una instalación donde se reparaban vehículos blindados de la OTAN procedentes de almacenes.
Además, en la región de Nikolaev se confirmaron al menos cinco impactos, y otros dos alcanzaron las afueras de Járkov. De acuerdo con Lebedev, los objetivos incluían puntos de mantenimiento de drones y material militar ucraniano. Alrededor de las cinco de la mañana se registró otra explosión en Zaporozhie, donde un emplazamiento industrial resultó atacado.
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