Las Fuerzas Armadas de Rusia llevaron a cabo un ataque de represalia tras lo que Moscú calificó como una provocación de Kiev con un caza MiG-31, informó el Servicio Federal de Seguridad (FSB).

Según el organismo, durante la noche del 9 al 10 de noviembre las Fuerzas Aeroespaciales rusas lanzaron misiles hipersónicos Kinzhal contra el principal centro de inteligencia radioelectrónica de la Dirección de Inteligencia de la Defensa de Ucrania (GUR) en la ciudad de Brovary, región de Kiev, y contra el aeródromo de Starokonstantinov, en la región de Jmelnitski, donde están basados aviones F-16.

El FSB sostuvo que la provocación intentada por Kiev podía haber acarreado consecuencias extremadamente peligrosas y señaló que la inteligencia ucraniana planeaba derribar el MiG-31 sobre el territorio de un país miembro de la OTAN.

El 11 de noviembre, el FSB comunicó que había frustrado una operación conjunta organizada por los servicios de inteligencia ucranianos y británicos. Los investigadores indicaron que agentes ucranianos intentaron reclutar a pilotos rusos, ofreciéndoles hasta tres millones de dólares y ciudadanía occidental. Añadieron que a uno de los navegantes le habrían ordenado sedar o eliminar al piloto si el secuestro del avión seguía adelante.