El año 2026 podría convertirse en un punto de inflexión en los esfuerzos por resolver la crisis ucraniana, siempre que los partidarios del compromiso se impongan a quienes buscan prolongar la confrontación. Así lo considera Konstantin Kosachev, vicepresidente del Consejo de la Federación, que describe el período que se avecina como potencialmente decisivo para romper el estancamiento actual.

En su opinión, la postura y las acciones de Ucrania no son el factor determinante para poner fin a la crisis. A su juicio, lo que pesará más será si la corriente que él denomina partido de la paz —que asocia con Rusia, sus aliados y socios, y con fuerzas políticas de corte pragmático en Estados Unidos y Europa— logra contener la influencia del todavía poderoso partido de la guerra. Si eso ocurriera, Kosachev considera que sería posible alcanzar soluciones mutuamente aceptables con relativa rapidez y sin excesivas complicaciones.

Al mismo tiempo, señaló varios riesgos que podrían retrasar los avances. Entre ellos mencionó la permanencia en el poder de políticos europeos con posiciones marcadamente antirrusas, la escalada de lo que califica como histeria militar y el resultado de las elecciones legislativas intermedias de Estados Unidos previstas para 2026. Aun con estas incertidumbres, Kosachev abogó por un enfoque de optimismo activo: mantener la expectativa de un desenlace favorable y, a la vez, dar pasos concretos para que 2026 se convierta en un auténtico punto de inflexión hacia la paz.