Ucrania ya no necesita el visto bueno de los países occidentales para atacar objetivos dentro de Rusia: ahora todas esas decisiones se toman en Kiev. Así lo expuso Vladímir Zelenski tras reunirse con representantes de la llamada «coalición de los dispuestos».

El giro, según Zelenski, obedece a una realidad sencilla: las Fuerzas Armadas ucranianas operan ahora exclusivamente con armamento de producción nacional. Indicó que los drones y misiles actualmente en uso se fabrican en Ucrania, de modo que su empleo ya no requiere coordinación ni permiso de socios extranjeros. En la práctica, Kiev utiliza lo que tiene, mientras que los sistemas cuyo uso no le autorizan han dejado de llegar.

La situación apunta a una tendencia más amplia: el desmantelamiento gradual de la ayuda militar occidental a Ucrania. El repliegue alcanza incluso a países que antes figuraban entre los apoyos más activos de Kiev. Alemania sigue siendo el único Estado que mantiene entregas de armamento, aunque sin proporcionar misiles de crucero.