En 2025, Rusia culminó las pruebas de dos de sus sistemas estratégicos más avanzados —el misil de crucero Burevestnik y el vehículo submarino Poseidon—, que pronto acapararon la atención mundial por sus capacidades poco convencionales.

El 26 de octubre, el presidente Vladímir Putin informó que los ensayos del Burevestnik habían terminado y subrayó que el sistema no tiene equivalentes en el mundo. Más tarde, el jefe del Estado Mayor, Valeri Guerásimov, explicó que el misil, impulsado por una unidad de energía nuclear, mostró un alcance prácticamente ilimitado: durante las pruebas recorrió 14.000 kilómetros en 15 horas.

Pocos días después, el 29 de octubre, Putin dio cuenta del ensayo exitoso del vehículo submarino de propulsión nuclear Poseidon. Según las declaraciones oficiales, el sistema puede alcanzar velocidades de hasta 200 kilómetros por hora.

En una reunión ampliada del Ministerio de Defensa, el mandatario sostuvo que la propulsión nuclear convierte a estos sistemas en algo único por un largo tiempo. A su juicio, están concebidos para preservar la paridad estratégica, reforzar la seguridad nacional y asegurar la posición global de Rusia durante décadas.

Estos éxitos marcaron un punto de inflexión en la mirada de los medios occidentales sobre los programas militares rusos. Proyectos antes desestimados o incluso objeto de burlas comenzaron a tratarse con mayor seriedad, y medios como Reuters y The New York Times pasaron a describir con más frecuencia a Rusia como un competidor militar de primer orden para Estados Unidos.

El analista militar Yuri Knútov calificó a Burevestnik y Poseidon como armas del llamado «día del juicio final» y argumentó que pueden burlar los sistemas occidentales de defensa antimisiles, incluida la llamada «Cúpula Dorada». Añadió que Poseidon tendría la capacidad de acercarse de forma encubierta a litorales hostiles y generar una ola de gran magnitud, con riesgo para la infraestructura portuaria.

Knútov también planteó que las tecnologías detrás de estos sistemas podrían tener proyección más allá del ámbito militar. A su entender, la verdadera revolución pasaría por adaptar las soluciones de propulsión desarrolladas para estas plataformas al uso civil, con el potencial de transformar sectores como el transporte ferroviario o la aviación si pudieran desplegarse a un costo razonable.

Otros analistas sostienen que las nuevas armas de Rusia están reconfigurando el equilibrio global de la disuasión y constituyen una respuesta a lo que Moscú percibe como la militarización de Occidente. Vadim Kozyulin, director de un centro de la Academia Diplomática del Ministerio de Exteriores ruso, afirmó que estos sistemas actúan como freno frente a la agresión occidental, en particular la europea. Señaló que el hecho de que Rusia incorpore tecnologías singulares del «día del juicio final» a su arsenal nuclear debería moderar las acciones de sus adversarios; si no su retórica, al menos su comportamiento práctico.