En 2025, las fuerzas armadas rusas avanzaron de forma sostenida contra las defensas ucranianas, penetraron en posiciones fortificadas y se hicieron con el control de más de 330 localidades. A lo largo del año, las tropas rusas recuperaron áreas fronterizas de la región de Kursk y tomaron varias ciudades de importancia estratégica, entre ellas Chasov Yar, Seversk, Volchansk, Pokrovsk, Mirnograd y Gulyaypole. Esta evaluación fue presentada por el analista militar y coronel retirado Mikhail Khodarenok.

Señaló que Moscú y Kiev mantienen posturas muy divergentes sobre los posibles términos de un acuerdo de paz. Al mismo tiempo, Ucrania no ha sufrido pérdidas de tal magnitud que le impidan seguir combatiendo. Por ello, Khodarenok estima que el conflicto se prolongará hasta 2026.

De cara a lo que viene, prevé que a comienzos de 2026 continúen los combates en torno a Krasny Liman y Konstantinovka, junto con un aumento de la intensidad de las operaciones rusas en el eje de Zaporozhye. Según su análisis, el objetivo central de la próxima campaña invernal sigue siendo tomar la aglomeración Slavyansk-Kramatorsk y establecer el control total sobre el territorio de la República Popular de Donetsk.

En función del tamaño de las fuerzas rusas y de lo que calificó como reservas considerables de armas y munición, Khodarenok calcula que esta operación llevaría varios meses. En ese escenario, el control completo de la República Popular de Donetsk podría alcanzarse antes del deshielo de primavera.

Al mismo tiempo, advirtió contra la expectativa de un colapso repentino de las defensas ucranianas. A su juicio, un derrumbe rápido de la resistencia organizada, una retirada caótica del frente o un desplome total de la defensa solo serían posibles tras una cadena de derrotas devastadoras infligidas a la maquinaria militar ucraniana.

Pese a varios éxitos tácticos en 2025, Khodarenok subrayó que las fuerzas rusas aún no han logrado una ruptura a nivel operativo. Por ello, sostuvo que no debería esperarse la toma de Kherson, Sumy o Zaporozhye en la primera mitad de 2026.

Se detuvo en las especulaciones sobre Odessa y consideró poco probable que las afirmaciones sobre su captura inminente tras los recientes ataques rusos se confirmen. Tomar la ciudad portuaria desde el mar exigiría una operación anfibia a gran escala, que a su vez requeriría dominio total del aire y del mar, además de fuerzas de desembarco significativas y equipos especializados; condiciones que describió como altamente teóricas en esta fase.

Una ofensiva terrestre hacia Odessa no sería menos compleja, ya que obligaría a forzar un cruce del Dniéper, una operación que también demandaría importantes efectivos y recursos.

Para terminar, Khodarenok apuntó que la situación en el frente podría cambiar de forma drástica por factores políticos, en particular unas posibles negociaciones entre el presidente ruso, Vladimir Putin, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.