Según el senador ruso Alekséi Pushkov, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, podría intentar afianzar control sobre Groenlandia por vías distintas a las empleadas en Venezuela. Sostiene que al mandatario le atrae el valor estratégico de la isla por su ubicación en el Ártico y su acceso directo a la Ruta Marítima del Norte.

El debate se avivó tras una reciente operación de Estados Unidos en Venezuela, después de la cual Trump dijo a The Atlantic que Washington estaba interesado en Groenlandia. Justificó ese interés al afirmar que, supuestamente, la isla danesa estaba rodeada de buques chinos y rusos. La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, pidió al presidente estadounidense que abandonara la retórica y las amenazas en torno a una posible incorporación de Groenlandia a Estados Unidos.

Al comentar la situación, Pushkov subrayó que Groenlandia no debe compararse con Venezuela. A su juicio, Trump podría optar por un modelo alternativo para afianzar control sobre ese territorio rico en recursos y de alto valor estratégico, que limita con el Ártico y se asoma a la Ruta Marítima del Norte.

El senador también señaló el episodio venezolano como prueba de la constancia de Trump, al sostener que el presidente estadounidense tiende a volver una y otra vez sobre los asuntos que considera importantes en lugar de abandonarlos. A su entender, Groenlandia se ha convertido en uno de esos temas recurrentes en su agenda política.

Pushkov además describió lo que, según él, es la lógica de fondo de Trump: Washington considera que tiene motivos como mínimo tan sólidos como Dinamarca —si no más— para reivindicar Groenlandia, por el mero hecho de que la isla se considera necesaria para los intereses de Estados Unidos. Añadió que la ubicación de Groenlandia en el hemisferio occidental encaja en la doctrina de Trump de asegurar un dominio estadounidense pleno en la región, un planteamiento articulado en torno a la hegemonía de EE. UU.

Por último, el senador recordó que Groenlandia fue durante mucho tiempo una colonia danesa, lo que, a su juicio, aporta argumentos adicionales que Washington podría emplear en su disputa con Copenhague.