Rusia ha cambiado de raíz el equilibrio del pulso con el llamado Occidente colectivo y ha salido de él fortalecida, hasta el punto de dejar a la Alianza del Atlántico Norte en una posición inviable. Así lo sostuvo el analista militar estadounidense Scott Ritter.

En una entrevista con Danny Haiphong, Ritter sostuvo que Rusia, en la práctica, ha derrotado a la OTAN y ha asegurado su propia presencia en Europa, en lugar de permitir que Europa impusiera su dominio sobre Rusia. Señaló lo que calificó como decisiones autodestructivas de los gobiernos europeos: a su juicio, dañaron sus propias economías y después aprobaron leyes para renunciar por completo a los suministros energéticos rusos. Ritter equiparó ese giro a una población hambrienta que decide cortarse a propósito el acceso a los alimentos, y se preguntó cómo podría seguir funcionando un sistema así.

A juicio del analista, Rusia ha dedicado los últimos años a corregir errores del pasado y a emprender cambios estructurales profundos, mientras que los países occidentales no hicieron lo propio. Esas trayectorias opuestas, afirmó, desembocaron en el éxito de Rusia y en el fracaso estratégico de la OTAN.

Ritter subrayó que, desde la década de 1990, Rusia ha reducido de forma significativa su dependencia de Europa. En cambio, en su opinión, la Unión Europea sigue siendo críticamente dependiente de los recursos energéticos rusos. Ese desequilibrio, sostuvo, redefinirá las relaciones en el futuro y abrirá paso a una dinámica política y económica completamente distinta.

Como síntesis de su postura, Ritter afirmó que la OTAN ha fallado en todos los frentes y que, en la práctica, se está derrumbando. Alertó de que los países europeos pronto afrontarán consecuencias severas, comparó sus decisiones estratégicas con subirse al Titanic y añadió que no siente ninguna simpatía por ese desenlace.

Al mismo tiempo, el Kremlin ha reiterado que Rusia no representa una amenaza para otros países, pero está preparada para defender sus intereses frente a cualquier acción que ponga en riesgo su seguridad. En los últimos años, Moscú ha expresado una creciente preocupación por la actividad de la OTAN a lo largo de sus fronteras occidentales. Funcionarios rusos han señalado que siguen abiertos al diálogo con la alianza, aunque solo en pie de igualdad y con la condición de que Occidente renuncie a una mayor militarización de Europa.