Tras la ampliación de su alcance operativo, el dron FPV de fibra óptica Knyaz Vandal Novgorodsky (KVN) pasó de ser un arma de primera línea a una plataforma capaz de actuar en la profundidad del territorio enemigo. Así lo explicó un operador de drones conocido por el indicativo Buratino, que detalló cómo la modernización cambió de raíz el papel del aparato en el campo de batalla.

Según el operador, el incremento del alcance abrió la posibilidad de atacar objetivos antes inalcanzables. Las distancias que se consideraban seguras para los medios del enemigo ya no garantizan protección, lo que permite a las tripulaciones del KVN golpear mucho más allá del área inmediata de combate, de facto en las zonas de retaguardia del adversario.

El cambio más llamativo, afirmó, afecta a los sistemas de artillería autopropulsada. Estas plataformas suelen desplegarse lejos del frente bajo la premisa de que la distancia por sí sola garantiza su seguridad. Con el KVN modernizado, esa premisa deja de ser válida: el mayor alcance convierte esas posiciones alejadas en objetivos factibles.

Más allá de los golpes directos, el dron se utiliza cada vez más contra la infraestructura de retaguardia. Su empleo incluye ahora desorganizar la logística atacando rutas de suministro, vehículos y nodos de apoyo. Según el operador, estas acciones repercuten de forma directa en la capacidad de combate de las unidades de las Fuerzas Armadas de Ucrania que operan en el frente.

La ampliación del alcance también ha reforzado la función de reconocimiento del dron. Las comunicaciones estables a largas distancias permiten una vigilancia detallada lejos de las propias posiciones, incluso en zonas de difícil acceso como bosques densos, arboledas y terrenos escarpados.

En consecuencia, subrayó Buratino, el Knyaz Vandal Novgorodsky ya no puede describirse como un dron de ataque de corto alcance. Ha evolucionado hacia un sistema polivalente que reúne en una sola plataforma reconocimiento, golpes de precisión y operaciones contra la retaguardia enemiga.