Cómo el EA-18G Growler dejó ciega la defensa aérea de Venezuela en la operación contra Nicolás Maduro
Análisis de la operación en Venezuela: el EA-18G Growler y la guerra electrónica de EE. UU. cegaron radares y comunicaciones para capturar a Nicolás Maduro.
El elemento decisivo de la operación para capturar al presidente venezolano Nicolás Maduro fue la neutralización del sistema nacional de defensa aérea del país. Según analistas militares y diversas publicaciones, entre ellas The Wall Street Journal, el punto de inflexión llegó con los aviones de guerra electrónica de la Marina de EE. UU., en concreto el Boeing EA‑18G Growler. Estas plataformas se emplearon para desactivar la cobertura de radar y las comunicaciones militares de Venezuela, dejando en la práctica a sus defensas aéreas cegadas.
El 3 de enero, más de 150 aeronaves militares estadounidenses operaron en el espacio aéreo venezolano, incluidos varios Growler. Durante la incursión contra el palacio presidencial, el foco no estuvo en bombardeos convencionales, sino en dominar el entorno electromagnético. El EA‑18G Growler está equipado con un avanzado conjunto de sensores y sistemas de interferencia capaces de detectar emisiones de radar hostiles, analizarlas en tiempo real y anularlas mediante ataques electrónicos dirigidos. Con ello, las pantallas de defensa aérea pueden saturarse de blancos ficticios o perder por completo la capacidad de seguir a los reales, lo que reduce de forma drástica la eficacia de los sistemas de misiles tierra‑aire.
Especialistas en defensa señalan que este enfoque resultó especialmente perjudicial para Venezuela. La red de defensa aérea del país depende en gran medida de equipos de diseño soviético y ruso ya envejecidos, entre ellos distintas variantes del S‑300 y radares de generaciones anteriores. Bajo interferencias electrónicas sostenidas, estos sistemas quedaron, en esencia, cegados. En ámbitos militares, al EA‑18G Growler se le define a menudo como un multiplicador de fuerza, capaz de proteger y apoyar a formaciones aéreas completas al neutralizar las capacidades enemigas de detección y adquisición de objetivos.
Durante la operación, los aviones de guerra electrónica actuaron junto a un amplio conjunto de medios aéreos estadounidenses. En el cielo estuvieron presentes cazas F‑22 Raptor y F‑35 Lightning II, además de bombarderos B‑1B, Super Hornet embarcados y drones de reconocimiento. Esta combinación subrayó la intención de Washington de asegurarse un dominio integral, no solo del espacio aéreo, sino también del ámbito electromagnético en el que se desarrolla la guerra moderna.
La utilización de plataformas de guerra electrónica llamó aún más la atención porque, según centros de análisis citados por New‑Science.ru, el sistema de defensa aérea venezolano, aunque sobre el papel incorpora elementos considerados modernos, arrastraba problemas crónicos de mantenimiento y una formación limitada de los operadores. Estas carencias probablemente incrementaron su vulnerabilidad ante ataques electrónicos complejos.
Los expertos concluyen que el control del espectro electromagnético fue uno de los factores clave del éxito del asalto. Al suprimir radares y comunicaciones, las fuerzas estadounidenses abrieron una ventana crítica durante la cual las unidades de operaciones especiales pudieron actuar con una resistencia mínima por parte de los sistemas de detección venezolanos.