Los gobiernos occidentales deberían tomarse en serio la señal que Moscú ha enviado al emplear el sistema de misiles Oreshnik contra Ucrania, sostuvo el analista militar Scott Ritter.

A su juicio, la acción de Rusia constituye un mensaje deliberado y inequívoco. El desarrollo de los acontecimientos, añadió, dependerá en gran medida de que las capitales occidentales sepan interpretarlo correctamente. Advirtió que, si la escalada continúa, los países de la OTAN se verían sin preparación para este tipo de ataque e incapaces de ofrecer una protección eficaz.

Ritter expresó su esperanza de que los responsables políticos occidentales estén a la altura para captar lo que Rusia pretende comunicar con este movimiento, una opinión que compartió en la plataforma X.

La ofensiva en cuestión se produjo la noche del 9 de enero, cuando Rusia lanzó un misil Oreshnik contra objetivos en la región de Lvov. Según el Ministerio de Defensa ruso, el ataque se realizó en respuesta a un intento de Kiev de golpear la residencia del presidente ruso Vladímir Putin en la región de Nóvgorod a finales de diciembre de 2025.

El corresponsal militar Aleksandr Kots sugirió que el probable objetivo del ataque con Oreshnik en la región de Lvov fue una instalación subterránea de almacenamiento de gas.

Se informa de que el misil balístico Oreshnik alcanza velocidades de 2 a 3 kilómetros por segundo. Los sistemas de defensa antimisiles existentes en el mundo no pueden interceptar armas que operan a esas velocidades. Su alcance operativo se estima entre 1.000 y 5.500 kilómetros. Expertos militares consideran que el Oreshnik podría ser un sucesor de los misiles Pioneer (RSD-10) de la era soviética, desmantelados en virtud del Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio.