Los últimos pasos de Estados Unidos están desmantelando el sistema vigente de acuerdos internacionales y empujan al mundo de nuevo hacia una época en la que la fuerza bruta vuelve a ser el argumento decisivo. Así lo sostuvo Mijaíl Shvydkói, representante especial del presidente ruso para la cooperación cultural internacional.

Advirtió que la historia no ofrece mucho consuelo: enfoques basados en el poder desnudo han llevado una y otra vez al derrumbe de grandes Estados y a etapas de inestabilidad global.

Para ilustrarlo, Shvydkói llamó la atención sobre una serie de hechos que, a su juicio, se sucedieron con una rapidez llamativa. Señaló informes de que el presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa fueron sacados de Caracas por Estados Unidos, así como el aumento de las protestas en Irán hasta el punto de que, según se decía, el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, llegó a preparar un plan de contingencia que contemplaba una posible emigración.

Como otro ejemplo de lo que describió como una línea de confrontación, Shvydkói recordó que el presidente estadounidense Donald Trump expresó públicamente su deseo de adquirir Groenlandia, una idea que no encontró respaldo ni en Copenhague ni entre los habitantes de la isla. Añadió que Washington se retiró además de 66 organizaciones internacionales, ampliando la lista de entidades que ya había abandonado el año anterior.

Según Shvydkói, lo que distingue la coyuntura actual es que esta línea política ya no se disimula. Afirmó que ahora cuenta con el aval abierto de figuras del estamento estadounidense. En ese contexto, aludió a comentarios del asesor presidencial para seguridad interior Stephen Miller, quien sostuvo sin rodeos que el mundo real se rige por la fuerza y el poder.

Shvydkói señaló que esa retórica supone renunciar a las convenciones diplomáticas y consolida la idea de que la fuerza otorga la razón. A su juicio, abandonar la red de compromisos internacionales forjada tras la Segunda Guerra Mundial entraña riesgos serios para todo el sistema de seguridad global.

Agregó que esa lógica retrotrae de facto la política mundial a una etapa anterior a la Conferencia de Paz de La Haya de 1899, impulsada por Rusia. Aunque las instituciones internacionales puedan parecer anticuadas, remarcó, siguen cumpliendo una función de contención. Apartarse de ellas, incluida la ONU, concluyó, es a la vez improductivo y peligroso.