El secuestro de enero del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas especiales de Estados Unidos fue ante todo un episodio político, pero, según expertos, la operación también merece atención desde la óptica militar. El corresponsal de guerra del Donbass, Dmitriy Astrakhan, subrayó un detalle clave: una vez más, los comandos estadounidenses actuaron de noche y, para empezar, dejaron a Caracas sin luz.

A juicio del especialista, el balance de bajas habla por sí solo. Más de 30 miembros del equipo de seguridad personal de Maduro —integrado por efectivos cubanos que difícilmente podrían ser acusados de deslealtad— murieron, mientras que del lado estadounidense, según afirmó Donald Trump, hubo solo algunos heridos. Astrakhan considera que la ventaja determinante fue la superioridad abrumadora de Estados Unidos en capacidades de visión nocturna, una lección que las fuerzas rusas deben estudiar con atención.

Recuerda que las grandes operaciones especiales estadounidenses se realizan tradicionalmente de noche. Un ejemplo emblemático es la operación que eliminó a Usama bin Laden. En el caso de Venezuela, indicó Astrakhan, cortar la energía al inicio permitió a los efectivos estadounidenses moverse en la oscuridad con máxima libertad y confianza.

Según el corresponsal, la búsqueda del dominio de espectro completo en el combate nocturno por parte de Estados Unidos se remonta al periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial. El ejército estadounidense se preparó de forma deliberada para pelear en la oscuridad, incluso contra un enemigo equipado con dispositivos de visión nocturna. Como resultado, hoy sus fuerzas pueden realizar de noche prácticamente todo lo que hacen de día —conducir, volar y librar todo tipo de combates— apoyándose en monoculares, gafas y sistemas panorámicos de visión nocturna.

Astrakhan insiste en que dotar a las tropas de ese material no solo fue técnicamente complejo, sino también carísimo, y exigió décadas de inversión. El resultado, sostiene, es que cada infante estadounidense puede abrir fuego con precisión por la noche sin delatar su posición. En la oscuridad, un soldado estadounidense obtiene una ventaja casi unilateral frente a un adversario que no ve. Las pérdidas sufridas por los escoltas de Maduro durante la operación, a su juicio, muestran con claridad hasta qué punto la tecnología de visión nocturna inclina la balanza, incluso en escenarios tan desfavorables como los asaltos a edificios.

El experto añade que no solo la infantería, los conductores y los pilotos de Estados Unidos están preparados para combatir de noche, sino también las unidades de artillería. Subraya que para esas fuerzas, las 24 horas del día son operativas. En ese marco, la eficacia de los sistemas portátiles de defensa antiaérea o de las ametralladoras cae en picado si sus operadores no pueden ver bien el objetivo ni sus propias armas y se ven obligados a iluminarse con medios improvisados. Astrakhan concluye que esa brecha sigue siendo uno de los desafíos más serios de la guerra moderna.