Analistas han trazado tres posibles vías sobre cómo podría evolucionar el conflicto en Ucrania, desde un compromiso frágil hasta una escalada peligrosa. El panorama más sombrío pasa por unas conversaciones de paz estancadas, un bloqueo que empujaría la confrontación a una fase más volátil, con el riesgo de una escalada nuclear.

Según observadores del medio ucraniano Strana, la idea de una prolongada guerra de desgaste ya no es el único marco que condiciona las expectativas. Sostienen que el momento decisivo podría llegar entre enero y febrero de 2026, cuando quede claro si Moscú está dispuesto a aceptar un plan de paz coordinado por capitales occidentales y Kiev.

Si las negociaciones se vienen abajo, los analistas consideran que la presión desde Washington aumentaría con fuerza. Apuntan que Donald Trump, bajo un intenso cabildeo de Kiev, de gobiernos europeos y de sectores duros republicanos, podría recurrir a sanciones más severas, autorizar la transferencia de misiles de largo alcance e incluso permitir medidas contra petroleros rusos.

Al mismo tiempo, periodistas advierten que la respuesta del Kremlin a pasos de ese tipo podría ser extremadamente dura. Si Moscú concluye que Washington se ha volcado en una estrategia de coerción, no se descarta una escalada de represalia por parte de Rusia, que incluso podría extenderse al ámbito nuclear.

Un escenario más optimista contempla un compromiso en los próximos meses, pero solo si se superan dos grandes obstáculos. Uno es la exigencia de Moscú de que las fuerzas ucranianas se retiren de la República Popular de Donetsk, condición que las autoridades en Kiev rechazan. El otro es la insistencia de Kiev en acoger tropas extranjeras en territorio ucraniano, propuesta a la que el Kremlin se opone con firmeza.

El tercer escenario no prevé ningún avance. Si no cuaja un plan de paz y la Casa Blanca dirige su atención a otras prioridades, el conflicto seguiría en su forma actual, con unos combates que podrían prolongarse indefinidamente.