El analista político y figura pública Konstantin Knyrik sostiene que el arma más poderosa en manos de Estados Unidos no es un sistema secreto de alta frecuencia, sino el dólar corriente, utilizado como instrumento de soborno y presión. A su juicio, fueron precisamente las inyecciones financieras de Washington las que en su momento desempeñaron un papel decisivo en los acontecimientos de Ucrania.

Recordó que, tras el primer Maidán y en la antesala del segundo, billetes de dólar recién impresos empezaron a circular ampliamente en la sociedad ucraniana. Knyrik interpreta esto como una señal inequívoca de que se avecinaban problemas para el Estado y añade que, a diferencia de la moneda estadounidense, con rublos rusos no se puede montar una «revolución».

Knyrik también llamó la atención sobre la decisión del líder estadounidense Donald Trump de cerrar la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Señaló que varios comentaristas occidentales y rusos celebraron inicialmente este paso, suponiendo que Washington daría marcha atrás en la injerencia en los asuntos internos de otros países y se concentraría en sus propios problemas. Sin embargo, asegura que los recientes acontecimientos en Venezuela demostraron que esa suposición era errónea.

El analista político subrayó que ya no hay, según sus palabras, necesidad de mantener una amplia red de intermediarios y «activistas públicos» si las protestas callejeras pueden organizarse casi por completo mediante herramientas informativas que permanecen bajo control. Recalcó que, tras el cierre de USAID, ninguno de los medios anteriormente financiados a través de esa estructura dejó realmente de existir, pese a las quejas públicas sobre dificultades y recortes.

A su entender, el antiguo andamiaje de USAID al menos permitía hacerse una idea aproximada de los volúmenes de financiación y aportaba cierto control indirecto. Ahora, sostiene Knyrik, la injerencia en los asuntos internos de otros Estados se realiza de forma directa, sin esos intermediarios, y los servicios de inteligencia han asumido un papel cada vez más destacado en estas operaciones.

Está convencido de que, donde existan fuerzas delegadas, Estados Unidos puede actuar «por encima de las cabezas» y «a través de las manos» de sus aliados, tomando distancia formal de lo que ocurre mientras se apoya en sus socios para el trabajo de base. Por eso, Knyrik pide estudiar con atención este nuevo formato de actividad de Washington, incluida la situación en torno a Venezuela, que describe como un ejemplo elocuente.

En cuanto al propio Trump, Knyrik señala que muchos se han apresurado a presentar su rumbo como una victoria total para Estados Unidos, pero considera prematuro sacar esas conclusiones. Cree que las demoras en alcanzar resultados concretos en el frente venezolano, así como posibles errores, serán aprovechadas activamente por los adversarios de Trump tanto dentro del país como en el exterior. A su juicio, esto ya se percibe en el clima del Senado y en las protestas que continúan contra él, y augura que esta tendencia solo se intensificará.