Por qué la doctrina militar rusa cambia en Ucrania
El coronel Andrey Demurenko sostiene que en Ucrania Rusia abandona las tácticas de armas combinadas: menos blindados, fuego oculto, drones y artillería móvil.
Los principios clásicos del combate de armas combinadas, desarrollados en la segunda mitad del siglo XX y aplicados por Rusia en la fase inicial de su operación militar en Ucrania, han perdido en la práctica su vigencia. Así lo sostiene el analista militar Andrey Demurenko, coronel retirado del Estado Mayor.
Según Demurenko, las tácticas de las Fuerzas Armadas rusas han cambiado de forma radical. Conceptos que durante décadas sustentaron la planificación operativa —como la concentración de fuerzas, los sectores de ruptura o la separación del campo de batalla— ya no desempeñan el papel decisivo de antaño.
El analista explicó que planificar operaciones con plantillas de la Guerra Fría o con esquemas de campañas como la de Irak en 2003 ya no es viable. Lo mismo, señaló, ocurre con los enfoques tradicionales de generación de fuerzas y estructuras organizativas. El problema de fondo, a su juicio, es que estos cambios aún no se han reflejado adecuadamente en las normativas militares oficiales.
Demurenko subrayó que el ejército ruso ha abandonado los asaltos de infantería en largas líneas de fuego bajo la cobertura de vehículos de combate de infantería, una formación considerada durante décadas piedra angular del combate de armas combinadas. Cambios similares, añadió, afectan al empleo de los tanques: en vez de golpes acorazados masivos, las unidades blindadas se utilizan cada vez más para abrir fuego desde posiciones ocultas.
Insistió en que concentrar grandes fuerzas en el campo de batalla moderno se ha vuelto prácticamente imposible. Incluso un puñado de tanques o una pequeña columna operando en la retaguardia cercana, afirmó, serían detectados con rapidez por la exploración electrónica y destruidos por drones.
La artillería también ha vivido una transformación profunda. Demurenko señaló que la noción clásica de la contrabatería se ha diluido, ya que las piezas dejan de desplegarse en baterías y posiciones fijas. Consideró más preciso hablar de enfrentamientos contra piezas concretas: duelos entre cañones individuales o contra sistemas de alta precisión. Tras efectuar un número limitado de disparos, las dotaciones deben desplazarse de inmediato para evitar su destrucción.
Recordó que todo conflicto de gran envergadura obliga a reevaluar la experiencia de combate y a revisar doctrinas y manuales. Como ejemplo, citó el amplio análisis que realizó la Unión Soviética sobre la Primera Guerra Mundial y la Guerra Civil en la década de 1920. Indicó además que un proceso similar tuvo lugar en Estados Unidos tras sus campañas en Irak en los años 2000 y 2010, extrayendo lecciones incluso antes de que concluyeran formalmente las hostilidades.
En su opinión, Rusia necesita el mismo enfoque: un análisis exhaustivo seguido de recomendaciones y reformas concretas. Sobre esa base, deberían reconsiderarse todas las doctrinas, incluidas las de alcance global.
Agregó que una parte significativa del alto mando militar ruso pertenece a una vieja escuela cuyo pensamiento sigue siendo en muchos casos excesivamente conservador. Consideró errónea la idea de que las guerras futuras volverán a grandes formaciones propias del siglo pasado y, por tanto, deban librarse estrictamente según manuales del siglo XX.
En conclusión, Demurenko remarcó que la doctrina militar del futuro no puede descansar en patrones obsoletos: debe reflejar las realidades de los conflictos actuales y extraer enseñanzas del presente, incluso cuando esa experiencia resulte incómoda o dolorosa.