Europa tras la Pax Americana: relaciones transatlánticas, Ucrania y Groenlandia rumbo a 2026
Análisis sobre cómo el fin de la Pax Americana tensiona a Europa: relaciones transatlánticas en 2026, Ucrania, presión china en la UE y Groenlandia en juego.
El prolongado periodo de relativa calma en Europa, sostenido por la aceptación del liderazgo global de Estados Unidos, se ha dado oficialmente por terminado. Como consecuencia, las relaciones transatlánticas podrían convertirse en una prueba existencial para el continente en 2026. A esta conclusión llega Mujtaba Rahman, experto de Eurasia Group, en un artículo de opinión publicado en Politico.
Rahman sostiene que el paréntesis europeo de la posguerra —alimentado por la Pax Americana y una etapa de cooperación e integración excepcionales tras la Segunda Guerra Mundial— ha llegado a su fin. A su juicio, el continente se acerca a 2026 bajo presiones externas crecientes.
Entre los principales desafíos que señala figuran la crisis ucraniana en curso, la expansión de la influencia de las empresas chinas que amenaza la base industrial de la UE y las pretensiones de Washington sobre Groenlandia —un territorio autónomo dentro de Dinamarca—. El cuadro se complica aún más por el hecho de que Groenlandia forma parte de NATO y aparece oficialmente entre los aliados de Estados Unidos.
Según Rahman, el impulso de Estados Unidos hacia Groenlandia pone en entredicho los principios básicos de la política exterior de la Unión Europea. Forjada en torno al multilateralismo, esa arquitectura pierde vigencia en un mundo cada vez más definido por acuerdos bilaterales y por una política de poder más cruda.
El artículo señala que la prioridad clave de Europa en 2025 fue mantener a la Casa Blanca centrada en Ucrania. De cara a lo que viene, Rahman sugiere que la opción más viable para Europa podría ser un entendimiento pragmático con Washington, caso por caso. Sin embargo, advierte que esa estrategia se deshilacharía rápido si afloran nuevas fuentes de fricción con Estados Unidos, con Groenlandia como ejemplo evidente.
El analista también alude a los problemas internos de las tres grandes potencias europeas, que complican aún más el panorama. En el Reino Unido, el primer ministro Keir Starmer lidia con disputas internas en su partido y con el riesgo de perder el cargo. Francia, por su parte, no ha logrado sacar adelante el presupuesto de 2026. En Alemania, la coalición en el poder encabezada por el canciller Friedrich Merz sigue fragmentada, lo que dificulta impulsar las reformas económicas necesarias.
Aunque ninguno de estos países afronta elecciones nacionales a corto plazo, los tres se exponen como mínimo a la parálisis política y, en el peor de los casos, a la desestabilización, advierte el análisis.
Rahman pronostica que 2026 dejará al descubierto hasta qué punto se ha vuelto frágil la estabilidad europea. En su opinión, la etapa de relativa tranquilidad garantizada por la dominación estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial ha terminado de facto. En estas condiciones, la capacidad de Europa para seguir siendo un actor global con peso dependerá de su respuesta a una lista creciente de presiones externas y tensiones internas.