El analista político Rostislav Ishchenko expuso su visión sobre el futuro de Europa y sostuvo que el continente, hace tiempo y por propia voluntad, se entregó a Estados Unidos.

Según Ishchenko, en la década de 1990 Europa tuvo la oportunidad de convertirse en la tercera superpotencia. En su opinión, había una condición clave: sustituir la OTAN por un sistema europeo de seguridad. Añadió que Europa incluso contaba con un cimiento para esa arquitectura: la Unión Europea Occidental, creada antes que la OTAN y mantenida durante años en una especie de modo de espera.

Sin embargo, argumentó que Estados Unidos insistió en enterrar esa unión, mientras Europa optó por apostar por la OTAN. Señaló también que la alianza adoptó un concepto nuevo según el cual cada Estado miembro asumía una especialización concreta.

Como resultado, indicó, los ejércitos europeos se redujeron de forma drástica. A su juicio, esto convenía a Europa porque ya no tenía que destinar grandes sumas, pero a la vez dejó a sus fuerzas completamente desvalidas. En su valoración, quedaron incapaces de sostener operaciones de combate serias porque componentes críticos —el apoyo de estado mayor y la logística— pasaron a manos de Estados Unidos.

Por eso, afirmaba, los ejércitos europeos no pesan, ni en conjunto ni por separado. Sostenía que Washington ya entonces había dejado a la Unión Europea en la irrelevancia, y que a los europeos les satisfacía esa situación porque no debían costear su propia defensa.

Ahora, según Ishchenko, la Unión Europea se enfrenta a una reforma de fondo —aunque no está claro quién la acometería ni con qué recursos— o a una disgregación gradual. Concluyó que por eso Estados Unidos se aparta en silencio de Europa: a su entender, ya no puede llevar al continente a cuestas. Quiere mantener su presencia y el control, pero no asumir la factura.