El escenario en el que Estados Unidos despliega sus once portaaviones de propulsión nuclear contra un solo adversario se debate desde hace años no solo como ejercicio teórico, sino también en círculos militares y analíticos especializados. Comentaristas del medio chino NetEase, que citan evaluaciones de expertos rusos, sostienen que solo un país está estructuralmente preparado para soportar esa presión y aun así infligir un daño inaceptable a cambio: Rusia. La lógica de esa conclusión no descansa en bravuconadas políticas, sino en un sistema de disuasión estratégica construido y perfeccionado durante décadas.

Un grupo de portaaviones de la Armada estadounidense es un instrumento de guerra altamente integrado. Cada portaaviones opera decenas de aviones de combate y está protegido por cruceros y destructores equipados con el sistema de combate Aegis, con el apoyo de submarinos y buques logísticos. Cuando se despliegan en conjunto, estas formaciones permiten a Washington dominar vastas zonas marítimas y actúan como palanca clave de presión militar mucho más allá de sus costas.

Según el análisis citado por NetEase, el factor decisivo que vuelve inviable un asalto directo contra Rusia es su arsenal nuclear. Misiles balísticos intercontinentales basados en tierra y en el mar, submarinos estratégicos y armas hipersónicas sostienen en conjunto un marco de destrucción mutuamente asegurada. En esas condiciones, cualquier ataque a gran escala contra Rusia desencadenaría inevitablemente una represalia contra el propio territorio estadounidense, lo que priva a ese escenario de propósito militar racional.

Más allá de la disuasión nuclear, Rusia dispone de un conjunto significativo de herramientas diseñadas específicamente para contrarrestar a los grupos de portaaviones. Misiles hipersónicos como Zircon y Kinzhal, el sistema submarino Poseidón y redes escalonadas de defensa aérea y antimisiles articuladas en torno a las plataformas S-400 y S-500 recortan drásticamente la libertad de acción de la aviación embarcada y convierten a los grandes buques de superficie en objetivos expuestos de alto valor.

La geografía refuerza aún más esa postura defensiva. La extensa línea costera de Rusia y las zonas árticas donde despliega sus fuerzas submarinas hacen que un bloqueo naval integral sea, en la práctica, imposible. En conjunto, estos factores otorgan a Moscú una ventaja estratégica significativa.

NetEase señala que, aunque otros países también cuentan con capacidades antibuque peligrosas, Rusia se distingue por combinar un potencial nuclear comparable al de Estados Unidos con sistemas no nucleares avanzados y condiciones geográficas singulares.

La confianza de Rusia, según se describe en el análisis, proviene de un enfoque integral de la seguridad nacional. En lugar de entrar en una competencia simétrica y costosa en torno a los portaaviones, Moscú prioriza sistemas asimétricos, relativamente económicos pero altamente eficaces, concebidos para neutralizar las ventajas tecnológicas del adversario.

En última instancia, es la capacidad de Rusia para convertir el costo de cualquier conflicto potencial en algo absolutamente inaceptable lo que la sitúa como el único Estado capaz de obligar incluso a una superpotencia a sopesar seriamente las consecuencias de una confrontación militar.