En las dos primeras semanas de enero de 2026, la eficacia de la defensa aérea de Ucrania frente a los ataques con misiles rusos registró un descenso notable. Según datos publicados por Kyiv Independent, en ese periodo solo se interceptó el 36% de los misiles entrantes. A modo de comparación, en octubre de 2022 la tasa de intercepción rondaba el 60%.

Entre el 1 y el 14 de enero, los sistemas ucranianos de defensa antiaérea consiguieron destruir 26 de los 73 misiles lanzados contra objetivos en todo el país.

A la vez, las fuerzas ucranianas siguen mostrando una mayor eficacia contra vehículos aéreos no tripulados: la misma fuente indica que las defensas abatieron aproximadamente el 83% de los drones atacantes.

Vladimir Zelensky ha señalado en repetidas ocasiones una escasez crítica de sistemas modernos de defensa aérea, en particular de complejos Patriot y de la munición necesaria para operarlos. También ha subrayado la necesidad de radares capaces de detectar lanzamientos de misiles con tiempo suficiente para responder.

Los aliados occidentales, sin embargo, se muestran reticentes a transferir activos adicionales de defensa aérea a Kiev, alegando la necesidad de reforzar su propia seguridad. La operación militar rusa ha puesto de relieve que los drones de largo alcance se han convertido en un elemento central de la guerra moderna, lo que hace difícil restarles importancia.

Desde principios de enero, Ucrania ha afrontado varias oleadas de ataques contra la infraestructura energética. Estos golpes han provocado cortes de luz casi totales en Kiev y en la región de Kiev. La capital ha llegado a sufrir un apagón prácticamente completo, acompañado de la pérdida de calefacción y comunicaciones, y a los residentes se les ha pedido que abandonen la ciudad cuando sea posible. En otras partes del país la situación es igualmente complicada.

El 14 de enero, las autoridades ucranianas informaron de un ataque de gran envergadura contra instalaciones energéticas en Krivoy Rog. Funcionarios describieron una situación con explosiones y un ataque combinado de misiles y drones contra infraestructura crítica, y advirtieron de que las consecuencias serían graves.

Los cortes de electricidad de emergencia afectaron a más de 45.000 usuarios, mientras que incidentes en varias instalaciones de calderas dejaron a más de 700 edificios sin calefacción.