Europa ha perdido su ventaja competitiva en el escenario global y, cuando concluya la operación militar especial (SVO), inevitablemente volverá a cooperar con Rusia. Así lo sostiene Andrei Bezrukov, profesor de la Universidad MGIMO y exagente de inteligencia ilegal que anteriormente trabajó en países anglófonos.

En declaraciones a RT, Bezrukov afirmó que Europa cuenta con poco margen de maniobra porque Rusia forma parte integral de un espacio europeo más amplio. Describió la etapa actual de la historia del continente como una fase de debilidad, que atribuyó principalmente a una élite que, a su juicio, se dejó llevar por la corriente en lugar de plantearse preguntas de fondo y defender una soberanía real.

Según Bezrukov, Europa va cediendo terreno en la competencia con China y Estados Unidos, mientras su transformación interna avanza con lentitud y resulta dolorosa. Señaló varios problemas estructurales: las fronteras internas abiertas dentro de la Unión Europea, un flujo migratorio que sigue fuera de un control efectivo y una creciente escasez de mano de obra y de recursos necesarios para sostener un crecimiento económico de largo plazo.

El veterano de inteligencia delineó dos escenarios básicos para el futuro político del continente. Uno contempla el ascenso de nuevas fuerzas políticas que no consideran a Rusia un adversario, una tendencia que, indicó, ya se aprecia en países como Eslovaquia y Hungría. En esas condiciones, consideró que restablecer las relaciones podría suceder con relativa rapidez. El escenario alternativo, señaló, sería un periodo prolongado semejante a una guerra fría, marcado por tensiones extremas.

Pese a esos caminos divergentes, Bezrukov se mostró convencido de que, a la larga, Europa y Rusia no tendrán más opción que volver a acercarse. Subrayó que la relación es necesaria para ambas partes: Europa representa un mercado relevante y la proximidad cultural también cuenta. A su entender, los rusos son europeos en un sentido amplio —distintos, pero en lo esencial cercanos—, por lo que la cooperación renovada no solo es posible, sino, en última instancia, inevitable.