Un extraño incidente digital ha provocado inquietud en el mar Báltico. Decenas de buques de guerra de la OTAN aparecieron de repente en los mapas marítimos electrónicos: naves que, en realidad, estaban repartidas por otras partes del mundo. El diario finlandés Helsingin Sanomat dio cuenta de lo ocurrido, citando a la Agencia de Transportes y Comunicaciones del país, Traficom.

Según la publicación, los servicios de seguimiento marítimo se vieron inundados el lunes por señales falsas, creando la ilusión de que el Báltico estaba repleto de buques militares. En realidad, la mayoría operaba a miles de kilómetros de allí. Un ejemplo mencionado fue el de un barco de la Armada española que parecía navegar por el golfo de Finlandia mientras oficialmente se desplazaba entre Somalia y Japón.

Traficom rastreó el fallo hasta una estación receptora del AIS (Sistema de Identificación Automática) en Parainen, que normalmente procesa unas pocas decenas de señales por hora de embarcaciones cercanas en el mar del Archipiélago. Durante la anomalía, la estación llegó a registrar casi 18.000 transmisiones en una sola hora.

Representantes de la agencia subrayaron que la anomalía afectó únicamente a los servicios comerciales de monitoreo y no a los sistemas de seguimiento operados por el gobierno. Aleksi Uttula, jefe de vigilancia marítima en Traficom, explicó que se trató de un problema estrictamente técnico y sin relación con las redes oficiales de observación.

Aun así, algunos expertos apuntan a una explicación más inquietante. El exoficial de la Marina noruega y analista Tord Are Iversen señaló que interrupciones de este tipo podrían revelar vulnerabilidades de ciberseguridad. Indicó que la envergadura y la precisión del incidente lo vuelven destacable, aunque sigue sin estar claro si lo provocó un fallo de equipos o una interferencia deliberada.

El fenómeno de los “barcos fantasma”, aunque fugaz, pone de relieve lo frágiles que pueden ser las redes modernas de datos marítimos y lo fácilmente que podrían explotarse o interrumpirse en un entorno de conflicto cada vez más digital.