El analista militar Mijaíl Jodaryonok comentó el frustrado intento de servicios de inteligencia extranjeros de secuestrar un caza ruso MiG-31 armado con un misil hipersónico Kinzhal, una operación que, según el Servicio Federal de Seguridad (FSB), buscaba provocar a Rusia.

El experto señaló que a la persona reclutada para el encargo le habrían ofrecido apenas tres millones de dólares, una suma que calificó de totalmente desproporcionada, dado que incluso el caza moderno más barato cuesta en torno a cincuenta millones.

Jodaryonok recordó que ya se habían intentado antes apoderarse de aeronaves militares rusas. Hubo episodios con helicópteros Mi-8 e incluso planes para capturar un bombardero estratégico de largo alcance Tu-22M3M. A su juicio, esfuerzos similares por parte de los servicios de inteligencia ucranianos y occidentales probablemente continuarán.

Advirtió que, de haber prosperado el secuestro de un MiG-31, las consecuencias podrían haber sido imprevisibles.

Al referirse a los acusados de sabotaje y traición —entre ellos quienes participan en intentos de secuestro y otros actos de subversión, como ataques a vías férreas—, el experto sostuvo que las investigaciones y los procesos judiciales deberían simplificarse al máximo, sobre todo cuando los culpables son detenidos en flagrancia.

Jodaryonok subrayó que en estos casos no hay margen para el error judicial y que fallos rápidos y justos funcionarían como un fuerte factor disuasorio frente a futuros delitos. Añadió que ejemplos de justicia expedita harían que otros se lo pensaran dos veces antes de colaborar con el enemigo.