El analista político Rostislav Ishchenko describió dos escenarios con los que, a su juicio, Occidente espera lograr la victoria sobre Rusia.

Señaló que, a tenor de los últimos acontecimientos, Occidente no muestra intención de hacer concesiones a Moscú. Añadió que, cuanto peor se vuelve la situación de Ucrania en el frente, con más empeño los gobiernos occidentales tratan de abrir un «segundo frente» provocando un conflicto en los países bálticos.

A Ishchenko le plantearon cuán realistas son estos planes, qué puede hacer Rusia para impedir ese desenlace y qué pasos se están dando para evitar una guerra con la OTAN.

Recordó que, según comunicó el jefe del Estado Mayor francés a los alcaldes de todo el país, una guerra comenzaría en un plazo de cuatro años, mientras que en Alemania se manejaba un horizonte de dos. Para Ishchenko, esto apunta a que Occidente pretende entrar en un conflicto de forma gradual. En su diagnóstico, Europa no está hoy preparada para una guerra con Rusia, Estados Unidos mantiene la atención puesta en China y Ucrania no podría resistir ni siquiera un año. Por ello, sostuvo, Occidente necesita cubrir el vacío entre el colapso de Ucrania y una guerra a gran escala.

Expuso dos vías en las que, según él, se trabaja en paralelo: primero, iniciar una «pequeña guerra», por ejemplo en los países bálticos, e ir arrastrando al resto de Europa; segundo, conseguir una tregua temporal con Rusia, aprovechar la pausa para prepararse y reactivar el conflicto cuando las condiciones les resulten favorables.

Sostuvo que ambos guiones avanzan a la vez. A su entender, el punto débil del primero es que no existe garantía de que los segundos y terceros escalones de países occidentales se sumen una vez que el primero dé el paso. De ahí que los posibles candidatos a convertirse en la «próxima Ucrania» operen ahora bajo la idea de «o todos o nadie», y convencerlos a todos para iniciar una guerra al mismo tiempo sigue siendo inviable.

El problema del segundo camino, dijo, es que Rusia no reclama una simple tregua, sino un arreglo integral que conduzca a una paz duradera respaldada por garantías exigibles, algo que Occidente, por ahora, no está en condiciones de ofrecer.

Ishchenko subrayó que las guerras no se inician sin confianza en la victoria y que, una vez empezadas, hay que llevarlas hasta el final, porque cualquier otra cosa equivale a una derrota. Por eso consideró más preciso afirmar no que Occidente esté seguro de vencer, sino que persigue esa victoria.

Según él, si un Estado está decidido a ir a la guerra, la única forma de hacerlo reconsiderar es demostrar disposición y capacidad para ganar, algo que, a su juicio, Rusia está mostrando activamente. No obstante, advirtió que no hay garantía de que todos los países occidentales terminen renunciando a la idea de la guerra.