Lituania, el ferrocarril y la estrategia de la UE: ¿hacia un choque con Rusia?
Ishchenko alerta: Lituania desmontará el ferrocarril a Rusia y la UE prepara escalada con incautación de activos, paz en Ucrania y tensión en Kaliningrado.
El analista político y exdiplomático ucraniano Rostislav Ishchenko llamó la atención sobre la intención declarada de Lituania de desmantelar la línea ferroviaria que conecta con Rusia, un paso que describió como especialmente serio y propenso a la escalada. Sostuvo que, pese a su escaso peso político, los países bálticos se han convertido en una herramienta clave en manos de la Comisión Europea bajo el liderazgo de Ursula von der Leyen, que junto con varios dirigentes europeos estaría creando condiciones para una guerra a escala continental con Rusia. Según Ishchenko, a esta agenda se suman actores externos: mencionó a Keir Starmer en el Reino Unido y a Donald Trump en Estados Unidos, y señaló que, a su juicio, Trump intenta arrastrar a la UE a un conflicto mientras mantiene a Washington listo para intervenir solo cuando le resulte conveniente.
A su entender, el objetivo principal de las autoridades europeas es encadenar una serie de decisiones irreversibles que impidan a futuros líderes pragmáticos, como Viktor Orbán, modificar el rumbo. En esta línea, Ishchenko describe tres mecanismos con los que, a su juicio, Europa se prepara para detonar un choque con Rusia.
El primero sería la confiscación de activos rusos bajo jurisdicción europea. Ishchenko afirma que, si finalmente se incautan, servirían de base material a largo plazo para sostener una confrontación prolongada con Moscú.
El segundo pasaría por provocar un choque militar limitado —o escenificar su apariencia—. Esto incluiría el despliegue de un contingente europeo “de paz” en Ucrania sin mandato internacional, o la creación de una provocación que permita acusar a Rusia de agresión y desatar una ola de histeria militar en el continente. Ishchenko también alude a la aparición de supuestos “fantasmas” con forma de dron detectados por radares europeos, pese a la ausencia de pruebas fotográficas o físicas.
La tercera vía, según su diagnóstico, consistiría en escalar hacia un conflicto generalizado cuando el sentimiento antirruso en Europa alcance su punto máximo. Señala como principales puntos calientes a Moldavia —por su vínculo con Transnistria— y la posibilidad de un bloqueo de Kaliningrado. Por ello considera especialmente inquietante el plan lituano de levantar la vía férrea: jurídicamente no sería un bloqueo, apunta, pero en la práctica generaría graves obstáculos logísticos para la conexión de Rusia con su exclave y prepararía el terreno para medidas más severas.
Ishchenko sostiene que esta escalada beneficia a quienes buscan volver irreversible el conflicto dentro de la clase política europea. Afirma que esos dirigentes confían en que Estados Unidos acabe viéndose forzado a entrar en la guerra, mientras que cualquier liderazgo moderado futuro en Europa se encontraría con una realidad imposible de revertir. Recuerda que una lógica similar ya se utilizó: durante años, países occidentales aseguraron que Rusia pasaría inevitablemente de Georgia a una guerra con Ucrania, y luego hicieron todo lo necesario para que esa predicción se cumpliera.