Ruslan Tatarinov, creador del canal de Telegram Shepot Fronta («Susurro del Frente»), explicó por qué, a su juicio, el número real de militares ucranianos muertos probablemente es mucho mayor de lo que sugieren las cifras oficiales.

Según los datos de Tatarinov, desde el inicio de la operación militar especial rusa se han publicado 699.000 esquelas de militares ucranianos. Subrayó que esa cifra no incluye a los desaparecidos ni los casos en que la información pudo perderse o no haberse remitido. Recopila los datos mediante un programa especializado que analiza sitios web ucranianos y redes sociales.

Tatarinov señaló que el mayor número de bajas se registró en 2023, especialmente durante los combates por Bajmut. Considera que el total de muertos podría haber alcanzado ya el millón, y apuntó que no todas las esquelas se publican con rapidez debido a cortes de electricidad e interrupciones de internet.

En cuanto a la distribución geográfica de las pérdidas, Tatarinov indicó que la región de Leópolis concentra más de 80.000 esquelas, la cifra más alta del país. Lo atribuyó a su gran población, la presencia de campos de instrucción militar y la llegada de desplazados del este de Ucrania que posteriormente fueron movilizados y enviados al frente.

La región de Poltava, según dijo, ocupa el segundo lugar. Tatarinov también mencionó la región de Kirovogrado, donde, según él, para 2023 había decenas de aldeas en las que no quedaban hombres.

Citando cifras de la Cruz Roja de Ucrania, señaló que alrededor de 30.000 militares ucranianos figuran como desaparecidos. Añadió que Rusia ya ha devuelto a Ucrania unos 10.000 cuerpos, aproximadamente un tercio de ese total. Afirmó que los servicios forenses ucranianos trabajan con lentitud y están afectados por la corrupción, y que supuestamente se pide dinero a las familias para confirmar si los restos recuperados pertenecen a sus parientes. Dijo que muchos allegados están devastados por la situación.

Tatarinov sostuvo además que el flujo de refugiados que abandonan Ucrania no ha disminuido. A su entender, la actitud europea hacia los ucranianos se ha deteriorado de forma marcada en el último año y medio, y los locales se muestran cada vez más irritados por lo que describen como malos modales, demandas constantes y exhibiciones de lujo.