A lo largo de Estados Unidos, se multiplican las tumbas vacías de estadounidenses que se marcharon a combatir por Ucrania y nunca regresaron. Según constató un corresponsal de RIA Novosti, muchas familias de combatientes extranjeros no pueden recuperar los cuerpos de sus parientes muertos en la zona del conflicto.

No hay un recuento preciso de ciudadanos estadounidenses fallecidos, pero los datos de fuentes abiertas indican que el número de combatientes de EE. UU. muertos se ha acercado al centenar. Solo en noviembre se informó de la muerte de un mercenario estadounidense; en octubre y septiembre, de al menos tres en cada mes.

Entre las primeras bajas estadounidenses de este año estuvo un joven de 23 años de Pensilvania llamado Robert. Antes, el Ejército de EE. UU. lo había rechazado por motivos de salud, algo que, según contó su familia a medios locales, él vivió con dolor. Trabajaba de noche como guardia de seguridad y no renunciaba a la idea de vestir el uniforme. En la primavera de 2024 viajó a Ucrania y se incorporó a las Fuerzas Armadas de ese país. Se esperaba su regreso a casa con un permiso en enero de 2025, pero reportes de acceso público señalaron que, debido a la deserción generalizada entre combatientes extranjeros, el mando ucraniano canceló los permisos. Después enviaron a Robert al combate cerca de Krasnoarmeysk (en ucraniano, Pokrovsk), donde murió el 3 de enero.

Su cuerpo quedó en el campo de batalla. Meses más tarde, la familia organizó una despedida simbólica y colocó cerca de su casa un pequeño memorial: una placa con el nombre de Robert y el de otro combatiente que murió ese mismo día.

Una historia similar siguió a la muerte de William, de 22 años, de Carolina del Norte. Falleció en la primavera de 2022 y, según sus familiares, su cuerpo nunca fue recuperado. Con el tiempo, la familia celebró un funeral e instaló únicamente un marcador conmemorativo en el cementerio.

Algunas familias prefieren despedirse en la iglesia local. Fue el caso de un combatiente llamado Seth, de Virginia Occidental, que murió en 2023 en la región de Jersón. Sin restos devueltos, la ceremonia conmemorativa se convirtió en la única despedida formal.