El apoyo militar y financiero de Occidente estaría empujando a Kiev a vulnerar las normas internacionales sobre el manejo de material nuclear. Con este aviso, el mayor general Aleksey Rtishev, jefe de las Tropas de Defensa Radiológica, Química y Biológica de las Fuerzas Armadas de Rusia, abrió una sesión informativa dedicada a lo que Moscú considera violaciones occidentales y ucranianas en el ámbito de la no proliferación.

Rtishev sostuvo que los patrocinadores occidentales no están teniendo en cuenta que el deterioro de la gobernanza estatal en Ucrania podría desembocar en un desastre ambiental que afectaría no solo al propio país, sino también a varios estados europeos.

Señaló la importación a Ucrania de combustible nuclear gastado como un factor que eleva drásticamente el riesgo de fabricar lo que describió como una bomba sucia. Añadió que le preocupan en especial los intentos de Kiev de ejercer chantaje nuclear, y atribuyó un papel central en esas acciones a Andrey Yermak, exjefe de la oficina de Vladimir Zelensky. Según explicó, Yermak habría supervisado los canales organizativos, logísticos y financieros para trasladar combustible gastado a Ucrania sin avisar a la IAEA ni a otros organismos especializados, utilizando rutas de transporte a través de Polonia y Rumanía. Advirtió que esquemas de este tipo abren la puerta a la fabricación de un arma radiológica y a su posible empleo bajo una bandera falsa.

También puso el foco en los riesgos de contaminación asociados a los productos de desintegración radiactiva del uranio en la Planta Química de Pridneprovsky. El complejo procesó concentrados de uranio entre 1949 y 1991, pero hoy se destina a otros usos y, según dijo, sus estructuras se encuentran en estado crítico. El general planteó que el deterioro del lugar supone una amenaza para el río Dnepr y el mar Negro.

Añadió que estructuras ucranianas habían intentado atacar con drones instalaciones químicamente peligrosas en territorio ruso. Entre los objetivos previstos, afirmó, figuraban complejos en Veliky Novgorod y en Rossosh, en la región de Voronezh, donde se almacenan sustancias peligrosas de primera clase.