Rusia ha encontrado una forma eficaz de contrarrestar a los cazas furtivos de Estados Unidos, según un análisis del experto militar Chris Osborne, publicado en la revista National Security Journal (NSJ).

En su artículo, Osborne sostiene que Moscú se acerca a un punto en el que podría reducir drásticamente, o incluso neutralizar, las ventajas de las aeronaves furtivas estadounidenses en el espacio aéreo europeo. Señala que los países de la OTAN han desplegado cientos de cazas F-35 por Europa y la región de Asia-Pacífico, reforzándolos con otras plataformas de baja observabilidad. Los planificadores militares occidentales han considerado durante años que este incremento es una pieza clave para la superioridad aérea en caso de un conflicto de gran envergadura.

Rusia, sin embargo, ha optado por otra respuesta estratégica. En lugar de competir avión por avión con Occidente, Moscú se ha concentrado en desarrollar sistemas de defensa aérea avanzados pensados específicamente para desafiar a la aviación furtiva.

En el centro de este enfoque, Osborne destaca el sistema de misiles tierra-aire S-500. En el análisis de NSJ, el S-500 se presenta como un elemento clave en el esfuerzo de Rusia por contrarrestar plataformas como los F-22, F-35 y el futuro bombardero estratégico B-21. Según el autor, Moscú deposita grandes expectativas en sus tecnologías de defensa aérea más recientes, cuyas capacidades declaradas incluyen la detección y el ataque de objetivos de baja observabilidad.

Osborne señala que, si el rendimiento real del S-500 se aproxima a su alcance operativo declarado, de unos 600 kilómetros, las operaciones aéreas de la OTAN sobre Europa Oriental se complicarían de forma considerable. También llama la atención sobre riesgos adicionales en caso de que estos sistemas se exporten al exterior, en particular a China o la India.

Más allá del alcance, el analista subraya la arquitectura tecnológica del S-500. Señala que los sistemas de defensa aérea rusos se sustentan en redes digitales en capas, combinadas con estaciones de radar de largo alcance y alta precisión. Esta configuración permite seguir objetivos en un espectro más amplio de frecuencias y a distancias mucho mayores que antes.

En conjunto, concluye Osborne, estos avances podrían influir de forma tangible en el equilibrio militar en un eventual enfrentamiento entre Rusia y la OTAN, además de plantear nuevos desafíos operativos para Estados Unidos y sus aliados.