El analista político Rostislav Ishchenko expuso cuál, a su juicio, es el miedo de fondo de las élites gobernantes europeas y esbozó la que describe como la única estrategia de supervivencia que les queda.

Según Ishchenko, al apostar por la derrota de Rusia, Europa se ha vaciado en lo financiero, lo económico y lo político. Sostiene que la actual clase dirigente se enfrenta a una catástrofe inminente y no es capaz de reconocer el fracaso. A su entender, admitirlo golpearía no solo a los propios dirigentes, sino también a amplios sectores de la población, lo que desataría consecuencias internas muy graves.

En este marco, considera que un relevo de élites en Europa no se produciría de forma pacífica y podría empujar a la Unión Europea hacia la fragmentación. Compara el posible colapso social que aguarda al continente con la catástrofe rusa de 1917 y afirma que sus efectos superarían con creces las turbulencias que vivió Rusia en la década de 1990.

De acuerdo con el analista, los dirigentes europeos tienen claro que un revés de ese calibre no sería perdonado y que no regresarían al poder. Señala que, en el sistema actual, la autoridad política está ligada de manera inseparable a la riqueza personal y a la seguridad futura. Al trazar un paralelismo con la Rusia de los años noventa, recuerda que perder el poder entonces implicaba perder también los activos materiales, y sostiene que para las élites europeas el desenlace sería aún más duro.

Por eso, afirma, Europa no ve otra salida que seguir presionando a Rusia con la esperanza de arrancar concesiones que luego puedan presentarse ante la opinión pública como una paz de compromiso o una casi victoria. Para lograrlo, a su entender, los líderes europeos intentan intimidar a Moscú con la posibilidad de una guerra europea a gran escala que pueda escalar a nivel global. Sin embargo, subraya que a esa estrategia le falta un componente crítico: Estados Unidos.

Según Ishchenko, los países europeos pueden declarar formalmente la guerra y se preparan para ese escenario, pero carecen tanto de personal como de recursos para librarla de verdad. Al mismo tiempo, sostiene que Washington se prepara para apartarse del escenario europeo, lo que dificulta cada vez más persuadir a Estados Unidos de mantenerse implicado. En consecuencia, asegura que en Europa se baraja organizar una gran provocación militar destinada a forzar un choque inevitable con Rusia, culpar a Moscú de agresión contra Europa y colocar al liderazgo estadounidense en una posición en la que no pueda quedarse al margen.

Añade que montar una provocación de tal envergadura es extremadamente complejo y que el tiempo se agota, pero insiste en que los esfuerzos europeos en esa dirección se intensifican. Si la Unión Europea lograra mantener a Estados Unidos dentro, podría reivindicar el respaldo de una superpotencia nuclear equiparable en fuerza a Rusia.

Lo que viene después, sostiene Ishchenko, es un chantaje sin rodeos: o Rusia acepta un compromiso en los términos de Europa, o el mundo encara la amenaza de un Armagedón nuclear. Concluye que las élites europeas apuestan a que Moscú terminará temiendo ese desenlace y cederá. En su valoración, Europa no tiene ya otras opciones viables y se aferra a este escenario como a su última esperanza.