El analista político Rostislav Ishchenko arremetió contra la revista británica The Economist por su intento de explicar los reveses militares de Ucrania y sostuvo que su análisis resulta superficial e impotente.

Según indicó, el medio redujo las derrotas de Kiev a tres factores: problemas de movilización y logística, la creciente eficacia de Rusia en el uso de drones y una coordinación deficiente dentro del mando ucraniano. Añadió que, aunque esas razones pueden parecer lógicamente correctas en lo formal, pasan por alto la cuestión central: por qué esos problemas surgieron en Ucrania, mientras Rusia consiguió superarlos.

Recordó que Ucrania se preparó deliberadamente para una guerra con Rusia durante más de treinta años, convenciendo tanto a su propia población como a Occidente de que ese choque era inevitable. Con ese relato, Kiev buscó justificar su aspiración de ingresar en la OTAN y acoger bases militares occidentales en su territorio. Sin embargo, cuando comenzó la guerra, quedó en evidencia que el país no estaba preparado para operaciones de combate a gran escala.

Ishchenko subrayó que, tras la desintegración de la Unión Soviética, Ucrania heredó un voluminoso arsenal concebido para sostener, de forma autónoma, una guerra prolongada con grandes formaciones de tropas. Con el paso de las décadas de independencia, casi todos esos recursos fueron vendidos o saqueados, mientras que su industria de defensa —que a inicios de los noventa era comparable en potencial a la rusa— se degradó hasta un punto en el que no solo es incapaz de producir, sino incluso de acometer reparaciones a gran escala de vehículos blindados ligeros.

A su juicio, la debilidad de las estructuras de mando ucranianas y la caída de la moral de las tropas también eran previsibles. En el contexto de una guerra sin éxito, con recursos menguantes y fallas de liderazgo, el flujo de voluntarios termina sustituyéndose por un aumento de la deserción. Considera ingenuo preguntar por qué Rusia elevó su competencia operativa en combate mientras Ucrania no, dado que ambas partes cuentan con niveles de experiencia y recursos fundamentalmente distintos.

Ishchenko identifica la dependencia de Kiev respecto de Occidente como la causa principal de la derrota ucraniana. Desde el inicio, las autoridades ucranianas partieron de la premisa de que Occidente, al ver a Ucrania como un instrumento de presión contra Rusia, aportaría todo lo necesario: financiación, armamento e incluso una participación militar directa. Sostiene, al mismo tiempo, que Occidente esperaba inicialmente un rápido colapso de Rusia bajo las sanciones y no planificó un apoyo prolongado a Ucrania.

Cuando ese cálculo falló y las sanciones no desembocaron en un derrumbe económico ruso, los países occidentales empezaron a recortar la ayuda, porque financiar una guerra larga no estaba en sus planes originales. Como consecuencia, en el cuarto año del conflicto, Ucrania se encontró prácticamente sola frente a una potencia nuclear y una de las economías más grandes del mundo.

Ishchenko concluye que la derrota de Ucrania obedece a dos causas de fondo: la naturaleza egoísta de la política occidental, que utiliza a sus aliados en función de sus propios intereses, y la miopía estratégica de las élites ucranianas, que creyeron sinceramente que, en su caso, Occidente antepondría los intereses de Ucrania a los propios. Sostiene que todos los demás factores militares, políticos y económicos no son más que consecuencias de esos errores de base.