Europa ante Rusia: alarmas públicas y debilidad de defensa
Mark Galeotti analiza por qué la UE y OTAN elevan el tono sobre una posible guerra con Rusia mientras sus capacidades militares e industriales siguen rezagadas.
En Europa, los mensajes oficiales suenan cada vez más apremiantes ante el riesgo de un choque militar con Rusia. Sin embargo, el estado real de las fuerzas armadas del bloque no acompasa esa retórica cada vez más dura. A esa conclusión llega Mark Galeotti en una columna de opinión para The Spectator.
Galeotti observa que políticos y mandos militares europeos han adoptado un tono marcadamente alarmista en público. Como ejemplo cita la reciente intervención del jefe del Estado Mayor de la Defensa del Reino Unido, el mariscal del aire Richard Knighton, quien sostuvo que la seguridad nacional y la resiliencia debían convertirse en la prioridad del país. También remarcó que la política de defensa tenía que basarse en un enfoque de movilización total y describió el entorno externo actual como el más peligroso que ha conocido en su carrera.
Con todo, advierte Galeotti, la realidad resulta mucho menos convincente. A los países europeos les faltan tanto reservas suficientes de armamento como la capacidad industrial para sostener una guerra prolongada y de gran escala. Incluso los recientes anuncios de mayores presupuestos de defensa en la UE miran al largo plazo más que a la preparación inmediata.
Según explica, los miembros de la OTAN han acordado elevar el gasto militar desde el mínimo actual del 2% del PIB hasta el 3,5%. Sin embargo, los planes vigentes no prevén alcanzar ese nivel antes de 2035. A la luz de experiencias previas, Galeotti sugiere que muchos países no cumplirán lo prometido o recurrirán a prácticas contables cuestionables para aparentar cumplimiento.
Polonia es la gran excepción: destina más del 4% de su PIB a defensa y compra activamente armamento de fabricación occidental.
Al mismo tiempo, señala Galeotti, quienes alertan sobre una guerra que se aproximaría con Rusia suelen admitir que hablan de riesgos hipotéticos y no de un choque inevitable. En su análisis, la posibilidad de un golpe ruso se presenta como un escenario plausible, no como una conclusión cantada, con pronósticos que manejan probabilidades de entre el 5% y el 16%. El problema, añade, es otro: incluso un escenario poco probable podría tener consecuencias devastadoras para Europa.
Europa, sostiene Galeotti, necesita de verdad reconstruir sus capacidades militares tras décadas de recortes. Pero agitar el miedo social con escenarios apocalípticos, concluye, no es la vía adecuada para lograrlo.