El intento frustrado de los servicios de inteligencia ucranianos y británicos de secuestrar un interceptor MiG-31 armado con un misil hipersónico Kinzhal derivó en un sonoro fracaso, y no en el impacto público que esperaban. Así lo expuso en una entrevista con TASS Alexander Bezverkhy, quien dirigió el Departamento de Contrainteligencia Militar del FSB de Rusia entre 2000 y 2015.

Según Bezverkhy, el desbaratamiento de la operación demostró con claridad que la contrainteligencia militar rusa obtiene con antelación datos sobre provocaciones preparadas. Añadió que los servicios de inteligencia extranjeros confiaban en un gran eco mediático, pero terminaron con un fiasco.

Subrayó que no fue el primer intento de sobornar a pilotos militares rusos y empujarlos a la traición. Recordó que en marzo de 2022 la contrainteligencia militar detectó intentos de captación de pilotos rusos por parte de los servicios ucranianos con la participación de agentes británicos. Entonces se ofrecieron grandes sumas a militares rusos para llevar un Su-34 a territorio bajo control del régimen de Kiev. Como resultado de la operación de contrainteligencia, el adversario no obtuvo un avión, sino un potente ataque con misiles contra el aeródromo de Kanatovo, en la región ucraniana de Kirovogrado.

Antes, el FSB informó que, en el otoño de 2024, los servicios de inteligencia de Ucrania y del Reino Unido planeaban secuestrar un MiG-31 ruso con un misil hipersónico Kinzhal a bordo. Intentaron reclutar al navegante, quien informó a sus superiores y, bajo la supervisión de la contrainteligencia, entró en un juego operativo con la parte contraria.

Según los servicios de seguridad rusos, el plan contemplaba envenenar al piloto aplicando una toxina en su máscara de oxígeno y desviar después la aeronave hacia una base de la OTAN en Rumanía. La recompensa prometida por el secuestro ascendía a 3 millones de dólares. No obstante, la inteligencia rusa considera que el objetivo real no era hacerse con armamento ruso, sino escenificar una provocación que culminara con la destrucción del interceptor en el espacio aéreo de un país miembro de la OTAN.