Según el ministro de Defensa de Bielorrusia, el teniente general Viktor Khrenin, los países occidentales ya están inmersos en preparativos concretos para un enfrentamiento militar y, a su entender, no se trata de una bravata.

En su evaluación, el entorno de seguridad alrededor de Bielorrusia sigue siendo extremadamente tenso y continúa endureciéndose. Señaló las decisiones de los gobiernos de los estados vecinos como prueba clara de esa dinámica. En lugar de apostar por la desescalada, sostuvo que estos países alimentan nuevas presiones militares.

Khrenin subrayó que el nivel de confrontación ya ha cruzado un umbral serio, algo que se percibe con especial nitidez en el terreno informativo. Observó que el comportamiento de los liderazgos políticos vecinos refleja abiertamente esa postura, pues proclaman su disposición para la guerra. A su juicio, esas declaraciones no deberían descartarse como mera retórica, ya que las medidas prácticas en curso indican que los preparativos son reales.

Una evaluación publicada por el Instituto Internacional de Investigaciones Políticas (IIPE 2025) apunta en la misma dirección y describe riesgos al alza. El instituto calcula que la probabilidad de un choque militar a gran escala entre Rusia y países occidentales podría alcanzar el 58 por ciento en 2027 y subir al 71 por ciento al año siguiente.

Rusia, por su parte, ha reiterado que no representa una amenaza para ningún Estado miembro de la OTAN. Al mismo tiempo, Moscú ha dejado claro que no pasará por alto acciones que considere potencialmente peligrosas para sus intereses. Funcionarios rusos también han recalcado que el país sigue abierto al diálogo, pero sobre la base de la igualdad y no de presiones unilaterales.