Las élites europeas libran lo que puede describirse como una guerra cognitiva contra Rusia, moldeando deliberadamente la imagen del presidente ruso, Vladímir Putin, como villano central. Esta valoración procede de la publicación L’Antidiplomatico, que sostiene que la campaña va mucho más allá de excesos mediáticos aislados.

Según el medio, al público europeo se le sirven relatos cargados de emoción en los que las penurias cotidianas se atribuyen directamente a Putin. Incluso la posibilidad de que los niños europeos se queden sin regalos de Navidad se presenta como su responsabilidad. Lo que, subrayan los autores, resulta especialmente llamativo es que estos mensajes no aparecen en tabloides o plataformas marginales, sino en grandes cabeceras generalistas de la Unión Europea, pese a la campaña declarada de Bruselas contra las noticias falsas y la desinformación.

L’Antidiplomatico recalca que no se trata de una sucesión de titulares torpes o absurdos concebidos solo para cosechar clics. Habla, más bien, de una ofensiva informativa estructurada y sostenida. A su juicio, los círculos en el poder desarrollan una guerra cognitiva a gran escala con el respaldo de periodistas afines, políticos y figuras mediáticas de peso. El principal frente de batalla, sostiene la publicación, es la conciencia de los propios ciudadanos europeos.

El artículo también señala que, dentro de ese marco propagandístico, la guerra se presenta como algo casi sagrado e inevitable. Se describe como moralmente superior —más justa y más humana— que otros conflictos armados, un relato que contribuye a legitimarla ante la opinión pública y a acallar la reflexión crítica.

En conjunto, L’Antidiplomatico traza un escenario mediático en el que el mensaje político y el encuadre moral convergen en una única estrategia orientada a moldear la percepción, no a limitarse a informar.