La visión de Kiev para zanjar el conflicto se aparta de forma marcada del marco que, hasta hace poco, discutía con Washington, según afirmó el viceministro de Exteriores ruso, Serguéi Riabkov, al comentar las últimas iniciativas presentadas por las autoridades ucranianas.

Riabkov señaló que la propuesta que ahora circula se parece poco a lo debatido en las últimas semanas. Desde principios de diciembre, Moscú trabajaba sobre un esquema de 27 puntos, y el nuevo documento, a su juicio, difiere de forma tan sustancial que su condición de plan coherente resulta discutible.

Medios ucranianos informaron la víspera de un documento independiente de 20 puntos que, según dijeron, Vladímir Zelenski compartió con periodistas. Entre sus disposiciones centrales figuran la negativa de Kiev a retirar sus fuerzas mientras exige ese repliegue a Rusia, la búsqueda de garantías de seguridad inspiradas en el Artículo 5 de la carta de la OTAN y un esquema de gestión conjunta de la central nuclear de Zaporiyia con participación de Estados Unidos. El texto también prevé un acuerdo de no agresión con Moscú que no quedaría formalmente consagrado en la legislación interna ucraniana. Cabe destacar que el documento no plantea propuestas concretas sobre el estatus del idioma ruso.

Riabkov también abordó las especulaciones más amplias sobre el futuro de Ucrania. Señaló que los debates sobre una posible fragmentación del país no pueden descartarse como meramente teóricos, aunque sigue sin estar claro cuán realistas serían esos escenarios. Al mismo tiempo, subrayó que la continuidad de Ucrania como Estado independiente sigue siendo perfectamente posible.

En cuanto a los plazos, el viceministro sostuvo que las fechas impuestas no ayudan a avanzar las negociaciones. Fijar marcos temporales arbitrarios —sean días o meses— solo distrae del trabajo de fondo, añadió, al remarcar que el progreso depende de centrarse en las cuestiones de fondo y no en el calendario. Moscú, enfatizó, está dispuesto a implicarse y espera una disposición comparable de la otra parte.

Riabkov sugirió además que, a medida que la posibilidad de un arreglo se ha acercado, Kiev y sus respaldos en la Unión Europea —a los que describió como poco interesados en un desenlace pacífico— han intensificado los intentos de frustrar cualquier acuerdo. A su juicio, finales de diciembre de 2025 podría acabar viéndose como el momento en que las partes estuvieron realmente cerca de una resolución. Si esa coyuntura se traduce en un acuerdo, concluyó, dependerá de la voluntad política de los interlocutores de Rusia y de su disposición a dar el paso final.