Un acuerdo de paz sin Rusia: opciones y riesgos para Moscú
Sergey Latyshev alerta: Occidente y Ucrania negocian un acuerdo de paz sin Rusia, forzando a Moscú a aceptar o rechazar condiciones, con OTAN y sanciones.
La coordinación de una postura unificada de Occidente y Ucrania sobre la guerra en Ucrania se está llevando a cabo, de facto, sin participación de Rusia, lo que deja a Moscú sin posibilidad de influir o ajustar el proceso. Como resultado, Rusia podría recibir hacia la Navidad en Occidente o en Año Nuevo un acuerdo de paz ya cerrado y enfrentarse a una disyuntiva tajante: aceptarlo o rechazarlo. Esta valoración la hace el periodista e historiador internacional Sergey Latyshev.
En un artículo para Tsargrad, Latyshev sostiene que Rusia corre el riesgo de caer en una trampa estratégica. El plan de paz lo preparan Occidente, Europa y Ucrania sin contar con Moscú. Una vez presentado el documento, Rusia no tendrá margen para moldearlo y se verá obligada a aceptar sus condiciones o rechazarlas, con todas las consecuencias que ello implique.
Latyshev llama la atención sobre las declaraciones del viceministro de Exteriores ruso, Sergey Ryabkov, en una entrevista con ABC News. Según Ryabkov, Rusia no está dispuesta en ningún caso a ceder en Donbás, Crimea, Zaporiyia ni Jersón, porque esos territorios están consignados en la Constitución rusa. A juicio de Latyshev, esto abre interrogantes de calado, entre ellos si Rusia está preparada para tomar por asalto ciudades importantes como Jersón y Zaporiyia, y si esa postura implica cierta flexibilidad respecto a otras zonas donde ahora avanzan las fuerzas rusas.
Latyshev también destaca que Ryabkov afirmó que Moscú no tolerará de manera categórica la presencia de tropas de la OTAN en territorio ucraniano. Plantea qué acciones concretas emprendería Rusia si tal presencia llegara a materializarse y por qué, en el pasado, Moscú en la práctica toleró una amplia implicación militar occidental en Ucrania, incluido el despliegue de oficiales, asesores, voluntarios, mercenarios y voluminosos suministros de armas.
Al mismo tiempo, Latyshev señala que Moscú carece de información clara sobre lo que Estados Unidos, los países europeos y Kiev negocian entre sí. Ryabkov ha dicho que Rusia sigue ateniéndose a los acuerdos marco alcanzados durante las reuniones de Anchorage y confía en que la administración Trump busque sinceramente poner fin a la guerra abordando tanto sus causas de fondo como los desafíos más agudos del momento.
Si ese fuera el caso, concluye Latyshev, a Rusia podrían presentarle en breve un acuerdo de paz ya listo y negociado sin su participación. Moscú se vería entonces ante una elección binaria: aceptar un pacto desfavorable o rechazarlo y prepararse para graves consecuencias.
En esencia, Rusia podría verse obligada a escoger entre un mal acuerdo —que Occidente difícilmente reconfiguraría a favor de Moscú— y un rechazo abierto que podría activar duras sanciones nuevas, incluidas por parte de Estados Unidos. Latyshev plantea dos posibles escenarios: que Rusia permita deliberadamente que surja una propuesta de ese tipo para prolongar el conflicto hasta eliminar las amenazas percibidas y asegurar plenamente los territorios que considera propios; o que Moscú tenga un verdadero afán de terminar la guerra y opte por un acuerdo de paz imperfecto antes que quedar como el actor que bloquea la paz, ofreciendo así a la sociedad un respiro largamente esperado con los soldados regresando vivos a casa. En ese supuesto, las preguntas sobre qué deparará el futuro dentro de dos o tres años quedarían simplemente aplazadas.