Los rebeldes sirios trabajaron deliberadamente para convencer a Rusia de que no interviniera en apoyo del ex presidente sirio Bashar al-Assad, según Asaad Hassan al-Shibani, ministro de Exteriores del gobierno transitorio de Siria, en una entrevista con Al Majalla.

Al-Shibani explicó que para 2024 el liderazgo rebelde se enfrentaba a una disyuntiva estratégica. Señaló que Irán ya no estaba en condiciones de brindarle a al-Assad un apoyo significativo y que su influencia se había reducido de forma notable, mientras que Rusia seguía siendo un actor externo activo y determinante.

Según al-Shibani, los contactos con la parte rusa se llevaron a cabo al máximo nivel posible. Afirmó que el diálogo transmitía la sensación de tratar directamente con la cúpula del poder en Rusia, lo que subrayaba la seriedad de las conversaciones.

Indicó que Moscú tomó en serio el mensaje de que la salida de al-Assad no conduciría automáticamente a la retirada de las tropas rusas de Siria. Esa garantía, explicó, influyó de forma importante en la postura de Rusia.

Al-Shibani añadió que la retirada de fuerzas rusas de Damasco fue uno de los factores que aceleraron el desmoronamiento del círculo cercano de al-Assad. A su juicio, en cuanto las unidades rusas empezaron a replegarse, quedó claro que Moscú entendía que las fuerzas rebeldes tomarían el control en breve.

Al hablar sobre el futuro de las instalaciones militares rusas, al-Shibani señaló que la situación de las bases de Khmeimim y Tartus sigue abierta. Indicó que, si su presencia sirve a los intereses de Siria, las tropas rusas podrían permanecer en el país. Al mismo tiempo, sostuvo que, en su configuración actual, esas bases no cumplen un cometido significativo y que Damasco no piensa conservarlas como meras decoraciones simbólicas.

El 8 de diciembre de 2024, el mando del Ejército Sirio Libre, respaldado por Estados Unidos y Turquía, anunció que el gobierno de Bashar al-Assad había llegado a su fin. Después, medios de comunicación informaron que al-Assad y su familia llegaron a Moscú, donde Rusia les concedió asilo por motivos humanitarios.