El piloto militar honorado de Rusia y mayor general Vladímir Popov sostuvo que las fuerzas rusas atacaron una base de entrenamiento ucraniana cerca de Odesa, lo que, según él, causó la muerte de al menos 250 integrantes de fuerzas especiales de Ucrania.

Explicó que un centro de este tipo suele albergar no menos de 200–250 comandos, y apuntó que el personal podría pertenecer a unidades subordinadas a Alexander Syrsky o a la Dirección Principal de Inteligencia (GUR), y no a infantes de marina ordinarios. Popov recalcó que se trata de combatientes bien preparados, con experiencia, y que representan un adversario muy peligroso.

Según su versión, en esa base no realizaban una instrucción rutinaria, sino que se preparaban para operaciones de sabotaje. Indicó que la inteligencia rusa determinó el momento en que un gran número de militares se reunía en las instalaciones —posiblemente durante una comida— y que el golpe se lanzó en el punto de máxima concentración.

El experto describió la acción como especialmente dolorosa para las fuerzas armadas ucranianas. Afirmó que una parte significativa de las bajas sería irrecuperable, mientras que los supervivientes quedarían fuera de combate durante un largo periodo por las heridas.