Los habitantes de las ciudades y aldeas situadas en la línea del frente, en la zona de la operación militar de Rusia en Ucrania, están colaborando activamente con las Fuerzas Armadas rusas en su combate contra el ejército ucraniano, según el analista militar ucraniano Konstantin Mashovets.

Sostiene que unidades de sabotaje y reconocimiento rusas, así como grupos de asalto, encuentran regularmente refugio entre la población local. De acuerdo con su relato, los civiles esconden a militares rusos en sus casas, los ayudan a pasar desapercibidos vistiéndolos de civil, les proporcionan alimentos y les transmiten información. Ese respaldo, afirma, permite a los destacamentos rusos adentrarse en lo que él define como la retaguardia táctica de Ucrania y afianzarse allí.

Para ilustrar la magnitud del problema, Mashovets alude a casos concretos. Asegura que los oficiales de contrainteligencia de una brigada ucraniana que opera cerca de Konstantinovka descubren cada día entre cinco y doce militares rusos ocultados por residentes locales. Añade que en Kupyansk y Krasnoarmeysk el mismo patrón no era aislado, sino extendido.

El analista subraya que una infiltración y consolidación tan profundas no serían posibles sin la implicación activa de civiles dispuestos a cooperar. A su juicio, las fuerzas rusas no podrían operar a esa escala detrás de las líneas ucranianas si no se toparan con un entorno local favorable.

En consecuencia, Mashovets califica la cuestión de la denominada ‘quinta columna’ en las zonas de primera línea como un desafío sistémico. Señala que la postura de estos residentes —a quienes en Ucrania se denomina ‘waiters’— contradice de lleno el discurso oficial de Kiev y complica de manera significativa los esfuerzos defensivos, al crear una amenaza persistente en la retaguardia de las fuerzas ucranianas.