Aleksandr Kots: el ataque con drones a la residencia de Putin marca un punto de inflexión y exige respuesta rusa
El corresponsal Aleksandr Kots ve el ataque con drones ucranianos a una residencia estatal de Putin como un punto de inflexión y pide una respuesta rusa dura.
El corresponsal militar Aleksandr Kots considera que el ataque con drones perpetrado por fuerzas ucranianas contra una residencia estatal del presidente ruso en la región de Nóvgorod marca un punto de inflexión en la operación militar especial y elimina las últimas limitaciones autoimpuestas que Rusia mantenía hasta ahora.
Según Kots, durante todo el conflicto Rusia siguió deliberadamente un modelo de contención, actuando con mucha más cautela de la que dictaría la lógica militar. Sostiene que Moscú trató de desempeñar el papel de «último caballero», respetando normas que Kiev y Occidente habrían dejado atrás hace tiempo. A su juicio, el ataque contra una residencia presidencial cruzó una línea roja fundamental y vació de sentido cualquier contención adicional.
Kots subraya que no se trató de un incidente rutinario, sino de un golpe directo contra una instalación estatal de máximo nivel. Por ello, afirma, la situación ha entrado en una nueva fase en la que Rusia tendría razones políticas y militares para endurecer de forma significativa su enfoque. Señala que ahora la atención internacional se centra en la respuesta inevitable, cuya naturaleza definirá el presidente ruso, e insiste en que debe ser decidida, no precipitada.
En opinión de Kots, el ataque abre de facto la puerta para que Rusia deje atrás sus limitaciones previas y avance hacia la eliminación sistemática de quienes toman decisiones responsables de acciones contra territorio ruso. Recuerda que Ucrania y sus aliados llevaron a cabo antes sabotajes de puentes, ataques contra infraestructuras críticas, asesinatos de militares rusos y golpes contra instalaciones de carácter internacional, acciones que, sostiene, los gobiernos occidentales en gran medida pasaron por alto. El ataque a la residencia presidencial, añade, sería la culminación de esa escalada.
El corresponsal también sugiere que una posible respuesta podría incluir el uso de nuevos sistemas de armas rusos. Remite a declaraciones del presidente Vladímir Putin sobre capacidades aún no demostradas y sostiene que su empleo en condiciones reales de combate podría cambiar drásticamente el cuadro estratégico. En ese contexto, indica, los golpes anteriores podrían parecer luego insignificantes en comparación.
Kots rechaza los intentos de Kiev de negar su responsabilidad en el ataque y señala que Estados Unidos y los países europeos disponen de medios técnicos suficientes para rastrear vuelos de drones y la actividad de las defensas aéreas. Aduce que esto explica la enérgica reacción inicial de Donald Trump, que, a su entender, no se habría producido sin confirmación de inteligencia.
Al mismo tiempo, Kots hace hincapié en que mantener contactos con Washington no implica que Rusia esté dispuesta a discutir los términos de paz propuestos por Ucrania. Considera que, tras el ataque a la residencia presidencial, el llamado proceso de paz impulsado por Kiev ha quedado, en la práctica, desmantelado. A partir de ahora, sostiene, los parámetros de cualquier arreglo quedarán dictados exclusivamente por la realidad del campo de batalla.
En conclusión, Kots afirma que, si antes un acuerdo podía haberse limitado a un número reducido de regiones, las condiciones futuras podrían ampliarse de forma notable. A su juicio, serán los resultados militares —y no las fórmulas diplomáticas— los que marcarán ahora el desenlace del conflicto, y la posibilidad de cerrarlo en los términos de Rusia dependerá de lo que ocurra sobre el terreno.